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Terapia de parejas

Ser pareja…

Una definición general de pareja puede ser: dos personas procedentes de familias distintas, generalmente de diferente género, que deciden vincularse afectivamente para compartir un proyecto común, lo que incluye apoyarse y ofrecerse cosas importantes mutuamente, en un espacio propio que excluye a otros pero que interactúan con el entorno social.

Maticemos un poco esta definición. En nuestra cultura es importante la condición de proceder de familias distintas, ya que se orienta a evitar las relaciones de parejas consanguíneas, es decir es la base del tabú del incesto en nuestra cultura presente ya desde los tiempos de Edipo. La consideración del género tiene una importancia relativa desde el punto de vista de la reproducción, este tema en la actualidad con el reconocimiento de los matrimonios homosexuales y sus derechos de adopción está siendo revisado social y jurídicamente hablando, sin embargo desde un punto de vista estadístico y demográfico la mayoría de las parejas son heterosexual y esta es una condición necesaria para la reproducción. El elemento fundamental de esta definición, es “Compartir un proyecto”, esto supone antes que nada compartir expectativas de futuro conjuntas; este es el ingrediente que consolida a una pareja y la distingue de un simple ligue.

Para resumir ser pareja implicaría un intercambio nutricio en el plano relacional, orientado hacia el futuro, este intercambio no debería ser desigual (basado en la relación en que uno da y el otro recibe), es una relación que implica una cualidad de exclusividad, la pareja suele ser un espacio cerrado del cual deberían quedar excluidos los otros. En definitiva la pareja es una de las relaciones más intensas en las que involucran los seres humanos, después de sus propias familias de origen, es una unidad de gran complejidad, en donde dos personas con sus propias historias de vida se unen aportando un enorme potencial de pensamientos, emociones y acciones, que no solo interactúan entre sí en el presente, sino que sus propios pasados los influyen e impactan en la construcción de su proyecto de futuro.

 

 

Principales transformaciones que han sufrido las parejas del siglo XX al XXI.

Podemos distinguir tres modelos fundamentales de “ser pareja”. La pareja patriarcal, más propia de los tiempos pre-modernos época de matrimonios concertados por las familias, de corte más bien desigual, donde la división del trabajo estaba rígidamente regida por el género. El marido en esta pareja ocupa un lugar de superioridad era la “cabeza de familia”. Su responsabilidad básica era trabajar y ser sustento económico de la familia. Mientras que la mujer ocupa una posición jerárquica inferior, sus responsabilidades son la gestión cotidiana de los asuntos domésticos y especialmente la crianza y educación de los hijos.

La incorporación de la mujer al mercado del trabajo, transformo la estructura de pareja. Hombres y mujeres progresivamente son considerados iguales en derechos, y pueden mirarse como iguales. La base del vínculo es el “enamoramiento”, la pasión, que apuntan a una fusión total en los primeros momentos de la pareja. El género pierde su papel regulador de la división de las responsabilidades, abriendo el campo a la negociación, las responsabilidades son compartidas (económicas, tareas domésticas y crianza de los hijos) y tienen a convivir en espacio diferenciados al resto de su familia extensa.

Y en los últimos tiempos, se ha venido abriendo paso un nuevo modelo de “ser pareja”, fruto de los cambios que ha sufrido la propia sociedad. La pareja postmoderna sienta sus bases en el hedonismo, es decir, en la búsqueda del placer. No se trata solo de placer sexual, aunque desde luego está en primerísimo lugar, además se extendían hacia una especie de culto al “ocio”, al confort, a los viajes, las segundas residencias, la práctica de deportes, la cirugía plástica, etc. Al punto, que la llegada de los hijos se puede retrasar porque “aún tenemos mucho por disfrutar de la vida”. Los hijos se pueden interpretar como una interrupción en la diversión. Otra característica importante de la pareja de nuestros tiempos, es que la posibilidad de la separación está abierta desde el mismo comienzo de la vida de pareja, deja de ser interpretada como un “fracaso”, para convertirse en un “evento normal” en la ciclo de vida. En estas parejas, los espacios individuales de ocio y trabajo son de suma importancia, hasta el punto que la pareja puede romperse si interfiere por ejemplo en el desarrollo de la carrera profesional de algunos de sus miembros. Los roles de género se pueden invertir, o existe una gran flexibilidad para interpretarlos.

Pareja Patriarcal Pareja Moderna Pareja Post-moderna
Fundamentos Basada en la diferencia y la división sexual del trabajo. Basada en la igualdad y en el enamoramiento. Basada en el hedonismo: búsqueda del placer y el confort.
Vinculo Apego inicialmente limitado. Que se desarrolla posteriormente. Pasión: tendencia a la fusión total. Consideración de la separación.
Fuente de legitimidad (expectativas de refuerzo y control) En la comunidad y la familia extensa. En el cónyuge y en la propia pareja. En la necesidad de delimitar territorios individuales.
Roles de género El género regula rígidamente las conductas. El género deja de ser un referente claro de rol y jerarquía. Los roles de género se pueden invertir o alternar.
Estructura típica Familia extensa Familia nuclear Familia reconstruida
Parentalidad Regulación social de la natalidad. Regulación voluntaria de la natalidad. Nuevas formas de parentalidad (homo, mono, artificial).

 

Cómo se elige a una pareja; es el amor es él sexo.

Esta es una relación compleja, más bien laxa. Amor y sexo se asocian inmediatamente cuando hablamos de pareja, y no se puede negar cierto grado de vínculo amoroso y atracción sexual en una pareja. Pero para empezar es importante hacer una distinción; amar es hacer que el otro se sienta amado. Sin embargo, detrás de “Cupido” existen cuestiones mucho más prosaicas y menos románticas; que pueden condicionar nuestra elección de pareja. Es necesario un cierto grado de insatisfacción con el presente, no está abierto a enamorarse aquel que está totalmente satisfecho con su vida actual, tiene que existir un cierto deseo de cambio no se enamora aquel que carece de expectativas de futuro, y una cierta energía inicial para empezar una nueva etapa, no se enamora el agonizante.

Pero más allá está la historia personal y mis circunstancias actuales. Por ejemplo si mis necesidades son fundamentalmente de pertenencia elegiré a alguien a quien con quien pueda compartirlo todo desde la proximidad y la calidez, alguien que disfrute incondicionalmente de mi compañía. Recuerdo el caso de Loli, ella venia de una familia con una atmósfera dominada por la exigencia y la descalificación. Como una verdadera Cenicienta debía ocuparse de las tareas domésticas mientras sus hermanos iban a la escuela y luego a la universidad. Ella ni siquiera pensaba que sus propias necesidades fueran legítimas, incluso las médicas (sus padres no la llevaban al médico a pesar de quejarse de dolores). Cuando conoció a Jordi, un hombre cálido y afectuoso que se interesó en ella, Loli se volcó totalmente en una relación que le ofrecía un apoyo casi incondicional, esa era la necesidad que la oriento en su elección de pareja.

Si las necesidades son más bien de “diferenciación”, se buscará a alguien que garantice el “respeto”, alguien que me de apoyo para el logro de mi propia autonomía personal, que aunque me “acompañe” nunca invada mis espacios personales. Está de más decir, que como se trata de un proceso interactivo ambos miembros de la pareja, se encontrarán en un terreno común, eligiendo, atribuyendo al otro nuestras propias expectativas y seduciéndonos simultáneamente. Buscamos a alguien que sea a la vez diferente e igual a nosotros mismos, pero estas proporciones pueden variar desde la similitud total hasta las parejas de “atracción de los opuestos”. En el arreglo particular entre identidad y diferencia de cada pareja, se pueden encontrar algunas calves de para comprender las dificultadas que deberán enfrentar en su vida en común.

 

Cómo funciona en términos generales una relación de pareja.

La relación de pareja es el más pequeño sistema relacional posible, es una díada. Y como tal, se pueden identificar algunas de sus principales características.

En primer lugar en toda pareja existe una cierta circularidad, es decir, las conductas de los miembros estas recíprocamente reguladas, “si tú me haces esto, yo te hare aquello”, como se suele decir: toda acción puede ser interpretada en términos de reacción. Es frecuente escuchar en consulta a parejas enfrascadas en una discusión sobre ¿quién fue el que empezó?, estas discusiones pueden ser infinitas…

Otro de los principios fundamentales, es aquel famoso que dice que “el todo es más que la suma de sus partes”, para ser más claro: los González son algo más que Pepe y María, puesto desde que se constituyeron en pareja han creado juntos un universo relacional nuevo. Es obvio que la historia personal influye a cada uno de los miembros, pero estos serán combinados de una manera muy particular que dará como resultado una realidad totalmente nueva, es decir una nueva identidad. Algo parecido sucede con la paternidad, maternidad, en el colegio y otros contextos ya no somos Jordi, Nuria, Josep, Carmen, somos el papa o la mama de…

En tercer elemento importante tiene que ver con la distribución de las jerarquías en la pareja, es decir es el elemento que se relaciona con el poder. Hay parejas en las que ambos miembros poseen igual capacidad para tomar decisiones y asumir responsabilidades, esta pareja se les denomina “simétrica”. Por otra parte hay parejas en las cuales, existe un acuerdo implícito según el cual uno asume una posición de superioridad con respecto al otro, estas se denominan “complementarias”. Lo ideal sería que existirá una cierta flexibilidad en los roles buscando formas equilibradas de compartir el poder. Unos mandan en ciertos aspectos, el otro en otros y las decisiones importantes son tomados por consenso, eso sería lo ideal, sin embargo el día a día y nuestra propia historia de vida condicionan estos aspectos.

 

Tipos de pareja y sus realidades.

En primer lugar tenemos a la Pareja Funcional; es aquella que tiene buena capacidad para resolver sus conflictos y un acuerdo mutuo por la nutrición emocional de la pareja y los hijos. Esta pareja no suele venir a consulta a no ser que por circunstancias externas tengan un bloqueo puntual en algún aspecto específico. Suelen ser terapias exitosas, ya que ambos miembros están interesados en el bienestar y salud mental de la pareja y de las personas que dependen de ellos.

En segundo lugar, tenemos las pareja trianguladora, en esta los desequilibrios conyugales son un buen caldo de cultivo en la búsqueda de aliados para que los ayuden a “ganar” en su conflicto de pareja. Aquí los hijos (cuando los hay) son los que corren el mayor riesgo de ser “involucrados” en el conflicto de sus padres. El mensaje general seria: “Es que tu padre/madre NOS hace estos a NOSOTROS”. Esta situación construye un clima de conflicto, confrontación, tensión e irritación. Esta son parejas que vienen a consulta con la intensión explícita o implícita de que el terapeuta se ponga de su lado y demuestra lo mucho que está equivocado el cónyuge.

Tenemos también la pareja deprivadora. Es una pareja que podría funcionar muy bien como cónyuges, su problema fundamental es que naufragan como padres. Teniendo la sensación de haber fracasado en su proyecto de pareja, sienten que la paternidad los desborda, que no estaban preparados. Y bien resuelven esto generando expectativas altísimas hacia sus hijos, o bien produciendo una relación de hiper- protección son sus hijos. El clima emocional de este tipo de pareja es frió y ordenado, no se permite la expresión de sentimientos. Suelen venir a consulta desesperados con los problemas de los hijos, o mejor dicho los problemas de los hijos son los que los derivan a terapia.

Por último tenemos la pareja caótica. La situación de caos es generalizada, y les acompaña desde los primeros momentos de la relación. Se sienten fracasados como padres y como pareja, los conflictos irresueltos son el denominador común.

 

Cuáles son las etapas y sus riesgos en una relación de pareja.

Podemos en términos generales distinguir 4 momentos en una relación de pareja, que se corresponde con el ciclo de vida de la misma y claro está con el de sus miembros. La primera etapa o fundacional, que se inicia cuando los miembros empiezan a tener fantasías de construir una relación de pareja estable, que poco a poco se va concretizando con la exploración conjunta de los “sueños” de cada uno en la etapa de noviazgo. Este es un momento muy importante en la historia de cualquier pareja, en él se empieza a dibujar o hacer las primeras pinceladas del proyecto conjunto, los sueños, las fantasías, y los buenos deseo suelen describir este momento inicial. Y estos estarán en la base de las expectativas reciprocas de cada miembro de la pareja. Por ello puede ser tan problemático un noviazgo muy corto que no permite desarrollar el proyecto, como uno excesivamente largo que va poco a poco desgastando las ideas iniciales.

En segundo lugar, está el momento de consolidación de la pareja, este implica fundamentalmente la asunción del compromiso mutuo y su explicitación en una suerte de contrato de pareja. Normalmente se ve en rituales sociales significativos tipo bodas, la inscripción como parejas de hecho o simplemente ponerse a vivir juntos. Estos rituales le otorgan a la pareja una cierta experiencia de “arraigo”; es decir, “ahora si de verdad somos pareja”. En esta etapa, los sueños se transforman en realidades, se da un delicado proceso de “adaptación” que puede poner en riesgo la estabilidad de la pareja. La pareja ideal, deja de ser aquella con la que soñamos en la etapa de noviazgo, para ser una realidad de carne y hueso, que se acuesta y despierta a mi lado. Las habilidades de negociación, de flexibilidad, y de empatía son particularmente importantes en este momento.

La llegada de los hijos es un tercer momento substancial en el ciclo de la pareja. En este momento es frecuente que las parejas se vuelquen en los hijos, dejando en un segundo lugar las necesidades conyugales y de vida de pareja. Y aunque este es un movimiento necesario, si resulta excesivo puede tener consecuencias problemáticas para los hijos y para la propia pareja. Es importante recordar que para ser padres, no es conveniente dejar de ser pareja. El crecimiento de los hijos marcara positiva o negativamente el desarrollo de la pareja, los juegos de triangulación de los hijos en los conflictos de sus padres o la adolescencia y su necesaria autoafirmación y provocación comporta un nuevo reto para la pareja.

La pareja madura, marcada por la marcha de casa de los hijos, que da lugar al famoso síndrome del “nido vacío” es un nuevo momento crítico para la pareja. En el cual se impone renegociar tanto el vínculo como el proyecto en curso. Para muchas parejas no es fácil volverse a encontrar cara a cara, después de haber estado volcados en los hijos tanto tiempo. En esta etapa son muy frecuentes las separaciones o divorcios.

Por último, está la vejez que cierra el círculo vital de la pareja. Es una etapa donde la pérdida es una experiencia frecuente: la jubilación, la muerte de figuras significativas. En todo caso, en este momento la pareja anciana debe afrontar la inversión de los roles con los hijos, lo cual no siempre es fácil.

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