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Terapia de parejas

El silencio de las parejas

Una de las dimensiones que con mayor frecuencia presenta problemas en las relaciones de parejas es la comunicación. Son muchas, muchísimas las parejas que en su demanda inicial de psicoterapia señalan explícita o implícitamente tener problemas de comunicación o al menos señala la comunicación dentro de un conjunto más amplio de aspectos problemáticos (territorio comanche).

Por ello creo que puede ser interesante dedicar una breve reflexión este tema tan apasionante y al mismo tiempo complejo. La comunicación es a la relación, lo que la sangre es al cuerpo, transporta oxígenos y nutrientes, tiene funciones de defensa contra microorganismos externos, gracias a las plaquetas contribuye en la sanación de heridas (internas y externas) y la sangre ayuda a mantener el equilibrio entre agua, temperaturas y otros elementos.

Así pues la comunicación en una relación de pareja es el principal medio de transporte de información a nuestro cónyuge o compañer@, para oxigenar la relación a través de la conexión entre dos personas. Del mismo modo, tener una comunicación fluida, abierta (no defensiva) y sincera con la pareja es un factor clave para defender la relación de “elementos externos”.

Qué duda cabe que hablar las cosas con sinceridad plena, sin atacarnos, con empatía y respeto es determinante para ayudar a sanar “heridas psicológicas-emocionales”, el poder terapéutico que tiene una conversación en estos términos es incuestionable.

Por último a través de la comunicación (el lenguaje) se equilibran muchas otras dimensiones de la relación de pareja, es decir, para coordinar la gestión de las tareas de, para consensuar aspectos relativos a la crianza y educación, para planificar el tiempo libre, incluso para seducirnos ¡tenemos que hablar!
Sin embargo, la vida cotidiana, las presiones externas (muchas veces familiares), los resentimientos del pasado, los propios patrones de conducta aprendidos, etc. Muchas veces hacen que se olviden los miembros de una pareja, las funciones fundamentales de la comunicación en la relación. Y como si se trátese de un cuerpo sin sangre, o con sangre enferma la relación de pareja, poco a poco empieza a entrar en crisis. Hasta que un día algún acontecimiento despierta la conciencia del gran abismo creado entre los dos.

Así frecuenten se dan dos dinámicas en las pareja, el silencio de las parejas o en su defecto un el diálogo de besugos. En la primera el silencio es sin duda el gran protagonista, poco a poco dejamos de hablar, creo o doy por sentado, que no me entiendes y nunca lo harás, se acepta con cierta sumisión los roles, la comunicación tiende a ser “operativa” (la compra, el cole, los pagos, etc.), si se mantiene en el tiempo, suele producir una sensación significativa de distanciamiento.
No podemos olvidar uno de los principios fundamentales de la comunicación humana señala que es imposible “no comunicar” (P. Watzlawick), la comunicación mínima comunica al menos que no queremos comunicar. Siempre estamos comunicando, con nuestro cuerpo, emociones, miradas, actitudes, etc. En una dinámica del tipo “el silencio de la pareja”, debemos ser consciente corremos el riesgo de transmitir mensajes de desinterés, desafección, desconfirmación, en fin de desamor.

En la segunda el protagonista es el conflicto, el follón, las discusiones, el desacuerdo. En esta dinámica el problema no es que no se hablan las cosas, más bien, se trata de las cosas que se dicen (pueden auténticas barbaridades) y el tono emocional en el que se dicen. Así poco a poco el conflicto va colonizando todas las conversaciones, cualquier “tontería” puede desencadenar una verdadera tormenta y se empieza a sentir que cualquier dialogo supone al mismo tiempo un gran esfuerzo y un gran riesgo.

Comunicativamente hablando, no se transmite sentimientos profundos, sino son más bien palabras que nacen de emociones intensas (normalmente la rabia) desencadenadas por algún estimulo puntual, aunque estas palabras se transforman en espadas en un duelo emocionalmente mortal. Es decir se trata de una comunicación emocionalmente superficial (nacida del calor del momento), pero con efectos relacionales y afectivos potencialmente de larga duración.

De la misma manera que nuestro cuerpo necesita que mantengamos una sangre limpia y sana para que sus funciones vitales no se vean interrumpidas. Y para ello, debemos hacer “cosas concretas” como comer una dieta sana y balanceada, ingerir dos litros de agua al día, hacer ejercicios, etc. Las relaciones de pareja necesitan que las dinámicas comunicativas sean fluidas y sanas para poder mantener la relación con vida. Para ello también debemos hacer “cosas” concretas como propiciar espacios comunicativos consensuados, asumir el riesgo de expresarse, auto-controlar las emociones y utilizar el tono de voz adecuado a una conversación, utilizar diferentes medios, herramientas y la creatividad para construir puentes comunicativos sanos y efectivos.

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