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El silencio de las parejas

Cómo afrontar la disfunción eréctil

“Estoy terminado”

“Un hombre siempre quiere y siempre está pronto para tener sexo”

“Nunca voy a disfrutar del sexo otra vez”

“Si no la puedo complacer, ella no me querrá nunca más2.

“La volveré a decepcionar…”

“No sé qué me pasa… ya no soy un hombre de verdad…”

Estas son algunas de las creencias que muchos hombres traen consigo a terapia cuanto deben afrontar problemas de erección. Aunque muchos afirman saber que es normal que esto ocurra alguna vez en la vida, por razones como: cansancio, estrés, fatiga o falta de concentración, conflictos personales o de pareja. ¡No se pueden creer que les pase a ellos!

La disfunción eréctil puede ser sumamente frustrante y tener un impacto negativo tanto en las relaciones como en la confianza en uno mismo, al punto de poner en cuestión nuestra propia masculinidad, dejando de lado otros muchos aspectos vinculados a la misma.

Cuando la preocupación, el miedo, la ansiedad, la sensación de “no dar la talla” aparecen en escena, se suele producir un círculo vicioso psicológico por medio del cual mientras más me preocupo e intento mantener una erección, peores resultados obtengo. Es muy habitual que, después de haber sufrido una pérdida de erección (por la causa que sea)  durante una relación sexual, el hombre se muestre muy preocupado cuando de nuevo se enfrenta a una relación sexual. Este miedo al fracaso es muy probable que sea el causante de que vuelvas a tener problemas para mantener la erección y empieces a entrar en un bucle que acabe generando realmente problemas de erección y seguridad sexual.

Situación que nos suele a conducir a un “callejón sin salida” que en los que muchos hombres se bloquean ante la creencia equivocada que “nunca podré superarlo” y transformándose en verdaderos “hombres pene”.  Como si su propia autoestima, seguridad personal, felicidad, capacidades, etc. Estuvieran íntimamente relacionadas con la erección.

La buena noticia, es que nuestra validad personal y sexual no depende en exclusiva de nuestro pene… que existen prácticas sexuales para todos los gustos y que el problema de la erección tiene solución. Con frecuencia en terapia sexual nos encontramos con tres situaciones prototípicas relacionadas con la instauración o el inicio de los problemas de erección.

En la primera, el hombre se encuentra en una relación sexual, siente que pierde la erección, no se le dio importancia y se continuó con el juego erótico, poco a poco se relajó y tranquilizo y se produce una nueva erección. No genera problema para la persona.

En la segunda situación típica, en el inicio o en medio de una relación sexual, se percibe la perdida de erección. Inmediatamente se activa una “alarma en el cerebro” y me empiezo a rayar: “Qué me pasa, no funciono, tengo que funcionar, se me tiene que poner dura, no creo que no lo logare”. La persona intenta disimular lo que sucede para no incomodar a su compañera sexual. En algunas ocasiones lograr una erección y en otras no. Nace una duda existencial, que servirá de motor de la ansiedad en próximas relaciones sexuales.

Y por último, la tercera situación nos encontramos con la pérdida de erección en un encuentro sexual. Y los sentimientos de vergüenza, inseguridad, miedo, enfado o ansiedad se apoderan del hombre. Quién prefiere detener la experiencia sexual, en medio de un ambiente enrarecido, con un claro malestar psicológico (mal sabor de boca) y saliendo gravemente comprometida la autoestima e imagen de sí mismo.

Mecanismos de instauración:

Por regla general para que se origine un problema de disfunción eréctil, se deben producir de forma recurrente episodios en los cuales se pierde la erección y no se recupera durante el acto sexual.

Esta recurrencia a la vez en producida y mantenida por una progresiva “presión psicológica” frente al sexo, y el temor a un nuevo “fracaso” sexual (ansiedad anticipatoria”). En muchas ocasiones se intenta “controlar” la situación incrementando la autoconciencia sobre el pene (tengo que funcional, no me puedes fallar, vamos tu puedes), que lejos de solucionar la situación suele meter más leña al fuego.

En el transcurso de la construcción del problema se suele establecer una especie de alamar en el cerebro, quien al interpretar la situación como una amenaza para la persona, inicia un proceso de huida-evitación que frecuentemente deriva en la producción de un trastorno de deseo hipoactivo masculino. “Ya no me apetece”. En el supuesto de vivir en pareja, puede ser un elemento de estrés y conflicto para la misma (siendo un nuevo elemento que se añade al problema)

Consecuentemente se incrementa a niveles disfuncionales la autoconsciencia, ante cualquier signo sexual o afectivo se activa la alerta sexual, generando estrés en el organismo y una respuesta rápida de autoprotección, con lo que se bloquea la conducta refleja de la erección.

Es como si quisieras bajar corriendo por las escaleras un edificio de 15 plantas, y tuvieras que estar 100% consiente de que pie pisa cada escalón: derecho, izquierdo, derecho, izquierdo, derecho, izquierdo, y muy, muy deprisa. Las probabilidades de confundirse y tropezarse son muy elevadas. Ya que el exceso de autoconciencia interfiere en una actividad que se produce sola.

De esta manera, aunque parezca paradójico uno de los principales problemas en la falta de erección, es intentar estar pendiente o controlarlo todo, todo el tiempo. Lejos de ayudar a relajarse a la persona, introduce presión y boquea la respuesta automática y natural de la erección. Aumentando la sensación de fracaso, se confirmando las profecías auto cumplidas y se solidifican las creencia asociadas.

Cómo afrontarla

Uno de los primeros paso es comprender que somos más que un pene y que el sexo es algo más que el coito. Explorar creencias alternativas validadoras y creíbles es muy importante para ayudarnos a re-programar nuestro cerebro con respecto a la relación con nuestro pene y con la erección

Por otro lado cada persona tiene un mecanismo particular de instauración, unos sienten vergüenza, otros rabia, frustración,  miedo, etc. Algunos han tenido una pareja sexual empática y positiva que le quita hierro al asunto, otros deben soportar comentarios humillantes o descalificadores. Por ello durante el tratamiento psicológico es muy importante analizar y comprender en términos de cada persona ¿qué significa? Y como impacta a nivel individual.

Con cierta frecuencia los problemas de erección enmascaran otras dificultades individuales o relacionales por lo cual suele ser recomendable pensar el problema desde una perspectiva sistémica y no términos exclusivamente genitales. Abordando aspectos que van desde algunos hábitos de salud y autocuidado personal (alimentación, higiene de sueño, alimentación), gestión de estrés, afrontamiento de conflictos de pareja, etc.

Una vez se comprende las implicaciones personales y psicológicas, es importante adquirir confianza sexual y recuperar la seguridad en sí mismo. Para ello las técnicas de la terapia sexual son particularmente adecuadas ya que no solo se basan en evidencia científica, sino que son de probada eficacia.

Uno de los problemas asociados a la disfunción eréctil en el cual es fácil caer, es un progresivo aislamiento de la persona, no se habla del problema con nadie incluyendo a la pareja. Por lo cual es relativamente frecuente que se produzcan malos entendidos del tipo: no tiene erección porque ya no le atraigo (en ella), o no soy suficientemente hombre (en el), lo mejor es hablar honestamente con tu pareja y aclarar lo que está sucediendo y buscar soluciones juntos.

O por el contrario, se encuentran parejas que lo intenta a toda costa y por todos los medios crear situaciones eróticas, actitud que también es contraproducente ya que aumenta la presión en quien tiene la disfunción y lo que produce es precisamente lo contrario, asustarlo y alejarlo.

Por ello, el problema de la disfunción eréctil no es asunto solamente del hombre. Realmente es un tema de pareja, y cuenta con mayor posibilidad de éxito en los tratamientos de disfunción eréctil cuando ambos participan en todo el proceso, desde las primeras visitas, ofreciendo el soporte emocional, confianza y capacidad de ayuda.

Concluyendo, debemos cambiar la creencia de que una buena relación sexual necesita obligatoriamente que una erección que se mantenga durante todo el encuentro. Esta definición cambia el carácter del encuentro de la intimidad y el placer, al desempeño y el logro. El énfasis en el desempeño sexual genera un exceso de presión en el hombre, innecesaria y basada en creencias erróneas.

Tener una erección no significa que se es más o menos sexual, ni más o menos hombre, nuestra capacidad sexual, afectiva y seguridad personal no está únicamente relacionada con el órgano genital masculino. Ser hombre, ser pareja, ser un buen amante (empático, comprensivo, solidario) tiene más que ver con la cabeza de arriba que con la de abajo.

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