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¿Cómo ayudar a los hijos a afrontar una separación?

¿Cómo ayudar a los hijos a afrontar una separación?

Antes de adentrarnos en el tema conviene hacer algunas consideraciones previas acerca de cualquier separación de pareja:

  • Aceptar las emociones que sentimos, algunas serán positivas y otras no, pero todas son nuestras y válidas.
  • No os cortéis a la hora de hablar, de llorar o de expresar sus emociones. No por No exteriorizar los sentimientos negativos estos desaparecerán, todo lo contrario hablar los ayudara a daros cuenta que todo forma parte de un proceso de sanación.
  • Es normal sentirnos algunas veces mejor y otras peor, pero no se trata de un retroceso, yo siempre digo el ritmo del cambio son dos pasos para adelante y uno para atrás, son normales los altos y bajos.
  • Es importante confiar en los recursos personales, para superar esta experiencia, tenemos todos los recursos para enfrentar la vida, la vida no se termina con una pareja, solo cambia.
  • Hay cosas que no tienen un “Por qué”. Hacernos algunas preguntas trampas, es decir esas que no tienen respuesta, son una forma de quedarnos atrapados en el fango de los sentimientos negativos.
  • La culpa y el miedo, no son buenos compañeros de viaje. Si bien hay que reconocerlos como propios, no son los únicos sentimientos que tenemos para enfrentar la nueva vida.

 

Pensado en el bienestar de vuestro hijo, debemos tomar en cuenta lo siguiente:

  • Toda ruptura familiar es un problema serio para la mayoría de los hijos. A pesar de los beneficios que pueden implicar la finalización del dolor causado por las peleas y/o conflictos entre los padres.
  • Ambos como padres deberán hacer un esfuerzo muy especial para crear las condiciones apropiadas que reduzcan el estrés y el sufrimiento sus hijos, así como darles el apoyo psicológico y emocional necesario para manejar las inevitables dificultades que causará la separación. Este punto es primordial y deben tener en cuenta que pesar de las posibles preocupaciones que cada uno enfrentara como individuo debéis ser una piña para apoyar a los niños.
  • Una vez tengan claro las condiciones y tiempos de la separación (condiciones de la custodia, régimen de visita, nuevas residencias, etc.) Os debéis reunir con los niños y JUNTOS informales sobre las decisiones que han tomado. Haciendo énfasis en que se les seguirá amando aunque ya no podéis seguir juntos como esposos ya que hayan dejado de quererse, pero que cada uno desea que ellos sigan manteniendo buenas relaciones con el otro.
  • Debéis permitir expresar de forma libre y abierta su posible oposición a la separación y/o divorcio y sus sentimientos negativos al respecto: su tristeza, dolor, rabia, inseguridad, etc. De tal manera, que deberéis ayudar y apoyar a sus hijos a afrontar los primeros meses turbulentos que siguen a la separación.

 

¿Cómo estructurar la conversación de separación con un hijo?

Los que realmente están corren el riesgo de sufrir las consecuencias de una separación traumática, siempre son los niños. Una separación es difícil ya de por sí y los padres pueden acentuar ese dolor o mitigarlo. La fase inicial requiere mucha paciencia y comprensión. Necesitan seguridad y cariño, a la vez que pautas claras y orden.
 
Se suele recomendar que para niños de menos de 5 años la conversación sea, UNA VEZ LA DECISION SEA FIRME; al menos con 10 días de antelación, con niños de entre 5 y 8 con uno o dos meses y con mayor antelación para niños mayores.
 
El mensaje fundamental que hay que transmitir a los hijos, hijos de todas las edades (también los más pequeños), es que los padres ya no pueden vivir juntos, y que de seguir manteniendo la convivencia, la casa, el ambiente familiar, la relación de los padres, la misma relación padres – hijos, y de los hermanos entre sí, se deterioraría cada vez más hasta convertir la casa en un mundo insoportable. Tienen que darse cuenta, y así lo transmiten los padres, que lo ideal es poder vivir juntos y felices, y que eso es lo que sucede cuando existe un amor grande entre los padres, pero que cuando este ya no existe, esa convivencia es imposible, y el ambiente se torna insufrible. Por eso los padres se separan: porque, aunque hubo un momento en que les pareció estar enamorados el uno del otro, ahora las cosas han cambiado, y aquel amor no existe más o ha cambiado de forma irreversible.
 
A la vez, hay que hacer ver a los niños que lo fundamental respecto a ellos está preservado y seguro. No hay ninguna duda de que el amor de los padres hacia los hijos sigue en pie, y con más fuerza si cabe. Lo que ha sucedido es un asunto de adultos, que atañe exclusivamente a los padres; este es problema de ellos, y no de los hijos. De esta manera hay que procurar que los niños no se impliquen en absoluto en el tema, y que perciban de la manera más clara posible, que se han quebrado los vínculos conyugales, pero que los vínculos parentales no están jamás en duda: el amor de los padres a los hijos permanece intacto. El hijo ve que su padre sigue siendo para siempre su padre, y que la madre permanece madre para toda la vida. Eso no está en duda.
 
Hay que hablar con verdad y con la mayor sencillez posible; todos los hijos tienen derecho a saber la verdad. Una verdad que no debe detenerse en detalles odiosos referidos a la intimidad de la vida del matrimonio, pero que con el menor dramatismo posible dará a conocer a los hijos que el amor de los padres entre sí se ha terminado, y que ya no pueden vivir juntos. Hablar en común, y con la verdad sencilla y simple, permitirá a los hijos presentar sus protestas, reclamos y cuestionamientos, y puede reforzar el sentido de la unión fraterna, de la solidaridad entre los hermanos ante el chaparrón que se les viene encima. De esta manera los padres evitarán a los hijos más dolencias psíquicas de las que son necesarias.

 

Algunos de los puntos a tener cuenta en esta conversación son:

  1. Que vosotros como pareja ya no pueden convivir juntos de forma pacífica y siendo felices y por tanto han tomado la decisión de divorciarse y vivir en casa separadas. Debéis dejar muy claro que la separación no se produce por nada que ellos hayan hecho o dejado de hacer, que ellos no son responsables de nada, que es una decisión vuestra como adultos.
  2. Que vosotros como padres tenéis la intensión y el compromiso de continuar siendo padres amorosos, responsables y sobre todo “estables” para ellos durante el resto de sus vidas y que incluso en el supuesto que re-hagan su vida con otras personas y formen otras familias en el futuro, ellos siempre serán sus hijos para lo bueno y lo malo.
  3. Que los niños vivirán la mayor parte del tiempo con Cristina (en el caso de ser esa la decisión) y que David tendrá el derecho de visitarlos de formas regular todas las semanas o según los parámetros de vuestro acuerdo. Que vosotros “como padres” deseáis que se mantenga una buena relación con los niños. Es imprescindible que ellos sepan que el vínculo con cada uno de sus padres es un vínculo estable que les dará la seguridad necesaria para su desarrollo y crecimiento.
  4. Que la situación del divorcio es permanente, incluso si vosotros como padres mantenéis una relación amistosa, continuaran estando separados.
  5. Dejar claro que no hay nada que ellos puedan hacer para evitar esta decisión, ya que como ya le habéis dicho de nada depende de ellos.
  6. Que vosotros como padres podéis comprender si se reacciona de mala manera frente a la decisión: con miedo, con rabia, con ansiedad, con inseguridad. Y que allí estaréis los dos para ayudar a superar estas dificultades.
  7. También es conveniente normalizar un poco la situación, refiriendo que habida cuenta la alta tasa de divorcios no tienen por qué sentirse avergonzados porque sus padres se hayan separado. Que es una situación relativamente normal en estos tiempos. Que como padres los amáis y seguirán amándolos en el futuro.
  8. Es importante que evitéis que los niños “tomen partido” por uno de vosotros. El mensaje es: “los padres ya no se aman pero eso es independiente del amor que sentís por vuestros hijos, por ello no deben parcializarse por ninguno.
  9. Tampoco es conveniente que convirtáis a vuestros hijos en “mensajeros” de vuestras inquietudes. PROHIBIDO USARLOS PARA ENVIAR MENSAJES AL OTRO.
  10. Si sentís que algunos de estos puntos no queda claro o que las cosas se confunden un poco en el trascurso de la vida cotidiana, volveréis a conversar (las veces que sea necesario) para aclarar los malos entendidos. Como padres debéis tener en cuenta que es normal que para los niños esta situación sea difícil de asimilar, que llevara cierto tiempo aceptar la separación y ajustarse a la nueva realidad. En este sentido es importante no dar dobles mensajes.

 
Una angustia que hay que ahorrar al hijo por encima de todo, es la de pedirle, de maneras más o menos sutiles, que tome partido a favor o en contra de uno de los padres. A ello (ahorrar este dolor) contribuye el que los cónyuges, antes y después de la ruptura, procuren por todos los medios mantener el buen nombre y prestigio del otro padre. Hablar mal del papá o de la mamá ante el hijo es provocarle un enorme daño: él tiene que seguir queriendo a sus padres porque sus padres le siguen amando a él, y por eso no hay que demonizar a ninguno de los dos. Esta es la razón por la que tampoco es recomendable preguntar al hijo, especialmente si tiene menos de 14 o 15 años, con cuál de los padres quiere vivir. Eso es ponerle en una situación muy difícil, entre la espada y la pared. Distinto es si él, libre y espontáneamente, sin condicionamientos de ninguna clase, pide vivir con uno de los dos. Un niño jamás debe ser inducido a elegir entre su padre y su madre… Pedirle que decida con quién quiere vivir es ponerle en una situación de máxima inseguridad. Con lo que se le refuerza implícitamente un conflicto de lealtades respecto a sus padres, provocándole un grave sentimiento inconsciente de culpa. (Dalloz, Hefez, Divorce. L’annonce faite aux enfants. Psychologies. Febrero 2002. p. 60).
 
Ante la separación de los padres el niño tiene que aprender a vivir la realidad por dura que sea, y por eso no conviene bajar el perfil a esa realidad ni banalizar tontamente el hecho. Se trata de un hecho doloroso, y así hay que vivirlo, como cuando nos enfrentamos a un duelo por la muerte de un ser querido. Educar al niño para enfrentar la vida como la vida es, procurando que salga airoso de las pruebas y buscando el lado positivo hasta de las experiencias más dolorosas, significa manejar una buena pedagogía. Es la pedagogía que ayuda a desarrollar la tolerancia a la frustración y a enfrentar el conflicto en vez de eludirlo o esconderlo. Por eso no pasa nada porque los padres, ante el hecho de la separación, no se esfuercen por disimular y poner buenas caras, máscaras fruto de la ficción, cuando no hay motivo para esconder el dolor, y el niño se da cuenta de ello. Se puede sufrir sin amargura ni odios, con paz en el corazón, aunque ese corazón esté sangrando a causa de la costosa decisión que se acaba de tomar. No hay que disimular ante los hijos, para que ellos tampoco disimulen. No hay que esconderles el dolor; hay que enseñarles a enfrentar el dolor con dignidad y hasta con amor.

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